sábado, agosto 01, 2009
Leopoldo Alas, la experiencia del duende
Hoy hace un año se fue por la puerta grande del cielo de agosto. Yo le había conocido en los años borrosos de la foto de Juan Vicedo, cuando sus ojos de seductor brillaban como los de un gato en la oscuridad, o como dos luciérnagas, curiosas y enamoradas.
Cada amigo, un monstruo; y cada ser monstruoso, a su lado, se sentía una raza superior. Era un sabio amplificador de la complicidad. Pero, sobre todo, fue la experiencia callejera de un 'duende' del que sólo habíamos oído la teoría. Desde Puck a Lorca, sólo sabíamos de su mitología fantaseada. Leopoldo se hacía real en encuentros irreales, era el azar que iba y venía, era una ciudad pequeña, éramos dos locos imposibles que nos encontrábamos sin querer. Así nació todo.
Se dice que esto es primavera, cuando la muerte ha dejado su huella.
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Leopoldo Alas,
poesía
lunes, mayo 25, 2009
El cazador cazado
Dice el poeta (Mario Míguez)
Si todo está callado, si en la noche
todo es quietud, si ha muerto todo ruido
¿de dónde es esa música que escucho
inesperadamente en torno mío?
¿A algún hombre le fue dado cifrarla?
¿Y quién ha dado ser a esos sonidos
que ahora me rodean? ¿Lo cifrado
se vuelve indescifrable? Su sentido,
por inmenso, la mente no lo alcanza:
hay vibrando un misterio en cada ritmo.
¿Pasión, serenidad, al fin fundidas?
¿Cómo se unen caída y equilibrio?
¡Qué dulcemente hiere dando a un tiempo
la cumbre y el abismo en el oído!
¿El lugar no es ya el propio visitante
y guarda en él intacto lo perdido?
¿Quién me recibe en esta despedida?
¿Su mirada no estaba ya en mí mismo?...
Y de pronto el silencio. La mente está perpleja.
Sólo el alma comprende qué ha ocurrido.
“Inesperadamente”.
Si todo está callado, si en la noche
todo es quietud, si ha muerto todo ruido
¿de dónde es esa música que escucho
inesperadamente en torno mío?
¿A algún hombre le fue dado cifrarla?
¿Y quién ha dado ser a esos sonidos
que ahora me rodean? ¿Lo cifrado
se vuelve indescifrable? Su sentido,
por inmenso, la mente no lo alcanza:
hay vibrando un misterio en cada ritmo.
¿Pasión, serenidad, al fin fundidas?
¿Cómo se unen caída y equilibrio?
¡Qué dulcemente hiere dando a un tiempo
la cumbre y el abismo en el oído!
¿El lugar no es ya el propio visitante
y guarda en él intacto lo perdido?
¿Quién me recibe en esta despedida?
¿Su mirada no estaba ya en mí mismo?...
Y de pronto el silencio. La mente está perpleja.
Sólo el alma comprende qué ha ocurrido.
“Inesperadamente”.
Soy egoísta. Me gustó porque había tenido una intuición similar…
"—’hay música ahí arriba’, cantaba el viejo al salir de su cueva…
¿cómo pudo saberlo? ¿se lo contaba la tierra? —había soñado
esferas que bailaban girando, o no eran esferas pero lo parecían
con el giro… y una música que no había oído
o el viejo es sordo y esa música no se oía…"
El resto es un poema inédito…
La misma intuición con dos lenguajes es lo que me gusta de este juego de contrastes.
jueves, mayo 21, 2009
Poema del mes: Carl Phillips y su libro 'Speak Low'

Flores de luna
(Datura inoxia)
(Datura inoxia)
Es como si la oscuridad, que había sido antes
apenas contexto, diese a la vulnerabilidad
un permiso, casi: carnosos platos de
crema derramados, tantos manojos de pergaminos
deshaciéndose; y ahora, por piezas, la delicada
máscara de una indiferencia que se ofrece radical
en contra de lo que, cada vez, parece
impensable, como inesperado, como cuando,
en el largo sueño de contracción, el mar
que al fin no es un mar, pero de qué otro modo
llamarlo, comienza de nuevo su movimiento, y
a pesar de cada empujón de la voluntad hacia adelante
hay algo noble —como decir,
algo solitario, además —es demasiado tarde.
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