Los lenguajes simbólicos, como los poéticos, tienen atractivos diferentes según quien y en qué momento se le acerque. No he tenido problema para comprender el Tarot (después de un mes de estudio intensivo), pero la astrología se me ha resistido siempre, como la numerología u otro tipo de lenguajes simbólicos.
En ocasiones he sentido cierta cercanía con el I Ching y actualmente con el Ifá Yoruba, pero son cosas que dejo que vayan abriendo y desvelando su significado a ritmo suave.
No me he acercado a la cábala, aunque he leído autores con formación cabalística como el argentino Roberto Juarroz (magnífica su poética "Poesía y verdad" en Pre-Textos).
De Aleister Crowley no sé mucho. Creo que su Tarot es muy sintético (geométrico, especialmente en los arcanos menores) y poco sugerente. Quizá lo mejor que puede hacerse es leer una biografía sobre su vida (y no recuerdo en qué editorial la he visto). En este sentido siempre he preferido la versión menos sobria y más expresiva de Rider.
Hay diferentes mapas para sensibilidades diferentes. No sé si eso supone universalidad o no. Desde el un punto de vista semántico diría: "los mapas no son universales, el territorio posiblemente lo sea". (Alfred Korzybski es interesante, algo hay en internet y sirve bien como contrapunto a mapas fragementarios de arquetipos universales). Autores que trabajan la antropología comparada como Frazer (La rama dorada) o Joseph Campbell, también pueden suponer un contrapunto interesante para no tomar los mapas como verdad, o las interpretaciones como si fueran textos.
sábado, marzo 12, 2005
Robert Shepard
En la web de un agente literario de Berkely, California, especializado en obras de no-ficción, se explica la diferencia entre lo que en el mundo anglosajón se entiende como ficción y como no ficción. Y señala los temas que más le interesan (y seguramente interesan en ciertos mercados norteamericanos en este momento.
Tres documentos son especialmente intersantes (sólo en inglés): "cómo presentar un proyecto literario"; "diferencias entre ficción y no-ficción" y "algunas razones para tener un agente literario".
http://www.shepardagency.com/
Por favor, si alguien le escribe, puede enviarle saludos de mi parte. Es un enamorado de España, sabe de vinos. Y le gusta perderse en vacaciones oteando pájaros. Nunca he sabido si los fotografía o solamente los identifica y eso le da alegría suficiente, sobre todo cuando si son raros.
Tres documentos son especialmente intersantes (sólo en inglés): "cómo presentar un proyecto literario"; "diferencias entre ficción y no-ficción" y "algunas razones para tener un agente literario".
http://www.shepardagency.com/
Por favor, si alguien le escribe, puede enviarle saludos de mi parte. Es un enamorado de España, sabe de vinos. Y le gusta perderse en vacaciones oteando pájaros. Nunca he sabido si los fotografía o solamente los identifica y eso le da alegría suficiente, sobre todo cuando si son raros.
miércoles, marzo 09, 2005
Breve curso de poesía española
Se puede tontear con antologías clásicas del tipo "Las mil mejores poesías de la lengua española", aunque personalmente he preferido leer más a fondo menos autores. Presento una trayectoria básica.
Gustavo Adolfo Bécquer: es el maestro de la música y la sugerencia.
Si uno quiere adentrarse más allá en el romanticismo puede leer el texto en prosa (breve y denso) "Los discípulos en Sais" de Novalis (Hiperión en versión de Félix de Azúa), así como sus poemas. Leopardi (creo que hay una buena versión en Clásicos Alfaguara) se acerca más a las tinieblas fúnebres.
Rubén Darío: no siendo español, su influencia es patente, renueva ritmos y deslastra la poesía de retórica (¿o propone una nueva retórica?). Sus correlatos en Europa son mucho anteriores: Baudelaire (versión de Martínez Sarrión en Alianza) o Verlaine. ¿Leer a Rimbaud? No estoy seguro. Casi mejor un conde, Lautreamont, especialmente recomendado para degustadores impecables.
JRJ: "Segunda antolojía poética" en Espasa: veáse el impresionismo comentado en clase en la serie de poemas sobre el tren, en otra serie sobre claveles, el paso posterior al simbolismo y los poemas más espirituales de "Diario de poeta y mar".
Antonio Machado: "Poesía completa". Nada que añadir: del modernismo a la claridad. Un maestro de pocas palabras.
La trilogía del 27: Lorca, Cernuda y Aleixandre. Del primero el tomo de sus obras completas dedicado a la poesía. Especial atención a "Poeta en Nueva York"; del segundo su obra completa ("La realidad y el deseo", aunque no parece haber traducción en español) y del tercero hay (o había) una buena autoantología en la Editorial Gredos.
Generación del 50: Jaime Gil de Biedma y su libro "Las personas del verbo" (en Seix Barral).
Y después cositas sueltas: "Así se fundó Carnaby Street" de Leopoldo Mª Panero, "Arde el mar" y "La muerte en Beverly Hills". Pueden servir para sentirse moderno un rato antes de salir de "Farra" (último libro de Félix de Azúa). A partir de ahí, dejarse llevar. Me dejo "El don de la ebriedad" de Claudio Rodríguez y la obra de Valente. Pero son materia avanzada.
Gustavo Adolfo Bécquer: es el maestro de la música y la sugerencia.
Si uno quiere adentrarse más allá en el romanticismo puede leer el texto en prosa (breve y denso) "Los discípulos en Sais" de Novalis (Hiperión en versión de Félix de Azúa), así como sus poemas. Leopardi (creo que hay una buena versión en Clásicos Alfaguara) se acerca más a las tinieblas fúnebres.
Rubén Darío: no siendo español, su influencia es patente, renueva ritmos y deslastra la poesía de retórica (¿o propone una nueva retórica?). Sus correlatos en Europa son mucho anteriores: Baudelaire (versión de Martínez Sarrión en Alianza) o Verlaine. ¿Leer a Rimbaud? No estoy seguro. Casi mejor un conde, Lautreamont, especialmente recomendado para degustadores impecables.
JRJ: "Segunda antolojía poética" en Espasa: veáse el impresionismo comentado en clase en la serie de poemas sobre el tren, en otra serie sobre claveles, el paso posterior al simbolismo y los poemas más espirituales de "Diario de poeta y mar".
Antonio Machado: "Poesía completa". Nada que añadir: del modernismo a la claridad. Un maestro de pocas palabras.
La trilogía del 27: Lorca, Cernuda y Aleixandre. Del primero el tomo de sus obras completas dedicado a la poesía. Especial atención a "Poeta en Nueva York"; del segundo su obra completa ("La realidad y el deseo", aunque no parece haber traducción en español) y del tercero hay (o había) una buena autoantología en la Editorial Gredos.
Generación del 50: Jaime Gil de Biedma y su libro "Las personas del verbo" (en Seix Barral).
Y después cositas sueltas: "Así se fundó Carnaby Street" de Leopoldo Mª Panero, "Arde el mar" y "La muerte en Beverly Hills". Pueden servir para sentirse moderno un rato antes de salir de "Farra" (último libro de Félix de Azúa). A partir de ahí, dejarse llevar. Me dejo "El don de la ebriedad" de Claudio Rodríguez y la obra de Valente. Pero son materia avanzada.
viernes, marzo 04, 2005
Inspiracion y recetas para escritores
Ayer tuve cierta sensación de inconsistencia en una clase de Técnicas de la inspiración. Por un lado se piden recetas, y al mismo tiempo se interpretan los condicionamientos sociales del hecho de publicar literatura como una restricción insalvable.
Para mí sería al revés: si merece la pena plantearse restricciones son las sociales. Si en algún lugar es necesaria la libertad es en el proceso mismo de escritura, donde cualquier receta quita más libertad de la que añade a cambio de una sensación (falsa) de seguridad. Por eso se dice que la literatura es un arte y a los ordenadores se les da tan mal.
Es imprescindible escribir y dejarse leer… Y dejar un tiempo para reflexión y análisis. Pero no se puede ayudar en la mejora a un corredor si no se le ve correr, ni a un músico si no se le oye tocar, ni a un bailarín sin saber cómo baila. Tampoco a un escritor al margen de lo único que hace que sea un escritor: sus textos.
Para mí sería al revés: si merece la pena plantearse restricciones son las sociales. Si en algún lugar es necesaria la libertad es en el proceso mismo de escritura, donde cualquier receta quita más libertad de la que añade a cambio de una sensación (falsa) de seguridad. Por eso se dice que la literatura es un arte y a los ordenadores se les da tan mal.
Es imprescindible escribir y dejarse leer… Y dejar un tiempo para reflexión y análisis. Pero no se puede ayudar en la mejora a un corredor si no se le ve correr, ni a un músico si no se le oye tocar, ni a un bailarín sin saber cómo baila. Tampoco a un escritor al margen de lo único que hace que sea un escritor: sus textos.
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