Llevo un tiempo pensando en la madre de Hamlet. En la escena final, Laertes —hermano de Ofelia e hijo de Polonio a quien Hamlet había matado al confundirlo con su padrastro—. El rey, tio de Hamlet, prepara una doble estragegia. Por un lado facilita a Laertes una espada de verdad, no de las de entrenamiento, y envenena su filo. A Hamlet se le entrega una espada de entrenamiento. Además prepara una copa de vino con veneno. En el caso improbable de que Hamlet venciese, le invitaría a celebrarlo y moriría envenado. Hamlet es herido, descubre lo que sucede, sabe su muerte cercana, cambia la espada de Laertes y hiere mortalmente a Laertes y acaba con la vida de su tio. En un momento, en medio del conflicto, la madre de Hamlet, para evitar que su hijo muriese envenenado, bebe la copa de vino emponzoñado.
Eso me sorprendió: si el objetivo era que Hamlet no bebiera, podía haberla derramado en un descuido.
¿Por qué bebe?
Creo que puede haber al menos tres motivos: pagar la culpa por haber traído a Hamlet a un mundo injusto; por haber ignorado la situación que llegaría a costar la vida de su hijo. Y por no ver la muerte de su hijo antes de la propia.
Algo de esa culpa y de esa rabia puede sentirse en los movimientos feministas radicales… culpa y rabia que emergen de haber dejado el poder, la organización en manos de unos hombres que devoran a sus hijos.
domingo, mayo 01, 2005
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