sábado, junio 18, 2005

Modestia y grandeza: administrar el triunfo

En estos días, algunos colectivos católicos se manifiestan en defensa de la familia, aunque se sospecha que tratan de expresar su posición en contra de que los homosexuales las formen. Ambos colectivos —católicos tradicionalistas y homosexuales progresistas— parecen estar de acuerdo y se manifiestan en lugares diferentes, con consignas diferentes, en busca de lo mismo: la defensa de la familia.

Echo de menos sin embargo, en ambos colectivos, una mayor preocupación por dos aspectos básicos, no sólo en defensa de la familia, sino de la civilización y de la convivencia: la salud y la educación. Hace poco aparecieron datos de un estudio en Cataluña: la cuarta parte de la población homosexual es portadora del VIH. En Madrid la situación es peor si cabe: no hay datos desde 1999. No se han revisado los protocolos médicos donde la homosexualidad sigue considerada trastorno de la personalidad. Y con respecto a la educación, parece que la Iglesia no renuncia a tenerla como patrimonio y los colectivos homosexuales no consideran prioritaria ninguna acción política y social en este sentido.

Entiendo que —merced a la lentitud de reflejos de una derecha que no supo legislar a tiempo las uniones del mismo sexo— la izquierda ha propuesto una ley más avanzada e igualitaria para los derechos de las parejas, independientemente de sus condicionantes biológicos. Es un triunfo para colectivos y personas que han vivido entre la marginación, la amenaza, la ilegalidad, el chantaje y la doble vida durante siglos. Y han disfrutado de la simpatía que despiertan los marginados.

Es en el momento del triunfo cuando puede medirse la talla moral de los vencedores, en su capacidad para respetar a quien no fue respetuoso, para perdonar al que no parece dispuesto a hacerlo, para tolerar y ofrecer un espacio de convivencia común a los que siguen empeñados en excluir y cortar por el mismo rasero toda diversidad en el tejido social. Es el momento del respeto, y de la tristeza ante la incomprensión de unos pocos. El orgullo y la reivindicación pueden dejarse de lado por unos momentos.

Sólo el que respeta puede hacerse respetar.

miércoles, junio 15, 2005

Monsieur Ibrahim: crear un personaje

Es posible que toda lectura no sea más un juego de la imaginación, un juego de resonancias que hacen que establezcamos particulares relaciones de afecto con ciertos lugares, ciertas obras, incluso con ciertas marcas comerciales.

Al ver la película "El señor Ibrahim y las flores del Corán" tuve la sensación de que la historia me resultaba conocida, de otra manera. Hasta donde he podido revisar críticas y comentarios, hay quien la relaciona con películas sobre mentores adultos de jóvenes en proceso de iniciación. Hay quien cita "Los cuatrocientos golpes", entre otras.

En mi caso, sin embargo, vi una versión condensada, desplazada y distorsionada —tres técnicas creativas— de la vida de Gurdjieff, un maestro sufí que tuvo cierto reconocimiento en el París de los años 20 y 30.

Armenio y sufí, como Ibrahim, pasó buena parte de su vida en París. Es cierto que se le conoce por sus actividades al frente de un Instituto de desarrollo personal, pero durante la II Guerra Mundial permaneció en el París ocupado, donde tenía un almacén de alimentos. Cierto que sobrevivió gracias a su connivencia con los nazis, como también lo es que no fue represaliado, dado que el dinero que ganaba con los nazis lo había gastado en mantener varias familias judias ocultas. En la época del Instituto, antes de la guerra, educó un niño —Fritz Peters— que publicaría con el tiempo unas memorias, "Recordando a Gurdjieff" donde aparece el lado más humano del viejo maestro. Y sufrió un grave accidente de automóvil que, sin ser mortal como en la película, le hizo cambiar de vida, dedicando buena parte de su tiempo desde entonces a componer y escribir.

Es cierto que Gurdjieff tuvo fama de polémico, por su autoritarismo caprichoso fundamentalmente. No hay que olvidar que era contempóraneo de Hitler y Stalin. Tal vez una parte de su trabajo —que algunos llamarían terapeútico— consistía en ejercer como gurú o maestro de manera arbitraria hasta que sus discípulos lo abandonaban. En ese momento, posiblemente, los considerse "curados".

Pero tenía también, según sus amigos más cercanos, un lado profundamente humano.

Tal vez el autor de la novela del mismo título que la película —Eric-Emmanuel Schmitt— y co-guionista con su director tenía estos elementos en la cabeza al escribir la historia: París, veinte años más tarde, un viejo sufí y un adolescente judío en una amistad de aprendizaje y complicidad, un viaje a los orígenes, descubrir juntos un sentido a los pequeños y grandes sucesos. Aprender cómo las cosas giran en torno al corazón. Así como anécdotas —la negociación en la compra del coche, la manera de complacer desconocidos para salir ganando— características del estilo de Gurdjieff.

Si esto fuera así, tendríamos un buen ejemplo de cómo crear relatos a partir de otros relatos: descomponiendo y recomponiendo sus piezas. El resultado no es historia; no es ficción. Es un relato distinto, resultado de una forma creativa de percepción.

miércoles, junio 08, 2005

Resiliencia: Ainhoa Alzaga/Luis Cremades

Ainhoa: En mi inexperta opinión no creo que la resiliencia se de como tal, sino más bien creo en ciertos bloqueos mentales que sirven para que se de el "enfrentamiento positivo". Sin embargo, todos conocemos niños que han vivido situaciones de muy alto riesgo y parecen adecuarse bien al entorno, dando paso a conductas adaptadas. Creo que más bien habría que ver como afecta el estresor al desarrollo evolutivo del niño en cuestión.

Creo que ante situaciones de riesgo habría que medir variables afectivo-motivacionales como el locus del control para evaluar si el sujeto atribuye la situación como consecuente de su propia conducta (locus interno) o por el contrario considera que su conducta no va a afectar a ese contexto (externo). Creo que las atribuciones que hace el niño son de vital importancia. Habría que buscar que variables internas juegan un posible papel "protector" de bienestar. En este sentido hay estudios sobre el llamado optimismo disposicional interesantes.


Luis: Me había llamado la atención ese concepto que me llegó a través de una amiga que trabaja en programas de adaptación curricular en secundaria con niños de alto riesgo (para el resto del profesorado). Me hacía gracia su procedencia científica que hace referencia a propiedades de ciertas configuraciones de la materia (habitualmente compuestos orgánicos) como el látex. Hay cierta indefinición entre definir resiliencia como inversa al tiempo que tarda la materia en recuperar su forma original (un buen colchón), o la capacidad para reforzarse con un choque (en este punto habría ciertos elementos de transformación evolutiva).

En todo caso, he visto el concepto aplicado en medio ambiente, diseñadores de colchones y educación especial, lo que no deja de tener su encanto.

Claro, me ha faltado tiempo para pensar en qué o cómo sería la estructura formal (y propiedades) de una organización resiliente, cómo aprovecharía sus crisis para regresar en el mínimo tiempo a normalizar su situación e incluso salir reforzada. Y, sobre todo, qué tipo de entrenamiento debería hacerse para mejorar la resiliencia de una organización.

Es posible lo que hablas de ciertos bloqueos en la percepción. Es posible que se de una orientación temporal básicamente orientada hacia el futuro, más que hacia el pasado. Eso implica desarrollar la capacidad para entender como causa de la acción los efectos esperados. Es decir, uno (individuo o colectivo) entiende que lo que le mueve es lo que espera. Y no busca motores externos pudiendo desarrollar uno interno: la capacidad de elección y la actitud personal.

lunes, junio 06, 2005

Resiliencia y riesgo: dos perspectivas del mismo choque

Resiliencia.— Capacidad de un sistema para absorber y recuperarse de cambios traumáticos o perturbaciones. En el caso de un desastre, se refiere a las características de una persona, grupo o región desde el punto de vista de su capacidad para anticipar, sobrevivir, resistir y recuperarse del impacto provocado por el mismo.

Riesgo.— Probabilidad de que ocurra un desastre. Se presenta como el resultado de la coexistencia de la amenaza (factor externo), y la vulnerabilidad (factor interno) en un momento dado y en un espacio determinado. Por ello se dice que el riesgo es función de la amenaza y la vulnerabilidad.

El riesgo es una condición latente u oculta. Implica una situación de crisis potencial. Cuando se manifiesta -en caso de ocurrencia de un desastre- lo hace bajo forma de daños y pérdidas de tipo económico, social y ecológico. El riesgo es imputable, dado que es posible identificar sus causas, factores y agentes.

Hay una valoración individual y social del riesgo, que depende de las percepciones, motivaciones y actitudes individuales y colectivas, que a veces no coincide con la visión científico-técnica. Dicha valoración varía en el tiempo, de un lugar a otro y de una cultura a otra. Es fundamental tenerla en cuenta para la gestión del riesgo.

sábado, junio 04, 2005

Sobre redes: tamaño e intensidad

Extracto del artículo: Ley del valor REAL de una red, por Jorge Juan Fernández (01/06/2005) en www.infonomía.com

El valor POTENCIAL de una red viene determinado por la Ley de Metcalffe (el valor de una red es proporcional al cuadrado del número de nodos de una red). Pero el valor REAL de una red es otra cosa. El valor REAL de una red es una función del número de conexiones que tienen lugar entre los nodos que la componen, no del número de nodos. Es decir, disponer de muchos nodos sólo incrementa el valor REAL de la red si esos nodos entran en contacto. En el caso de las redes descentralizadas (…) el valor REAL de la red coincide con su valor POTENCIAL. En el caso de redes centralizadas (…), el valor REAL de la red es inferior al valor POTENCIAL, porque la red se “operativiza” en función de impulsos del nodo central de la red. Por tanto, aquí no puedo estar de acuerdo con la Ley de Redes de Michael Schrarge “la forma segura de dar valor a una red es conectarla con otra red”. Y yo me pregunto entonces: ¿para qué nos configuramos como red? ¿Sólo para tener valor cuando nos conecten con otra red? No me cuadra… Para mí, la forma segura de dar valor REAL a una red es crear sub-conjuntos más homogéneos dentro de esa red ya construida.

Lo que no me queda claro es si mi intuición va en contra de la Ley inversa de Metcalffe formulada por Jakob Nielsen (el resultado de romper (partir) una red en N partes tiene un valor que es 1/N de valor original de la red). Pero creo que Nielsen se refiere a “partir” como separar, escindir; yo me refiero a “agrupar en grupos más homogéneos”. (…).


Comentario:

Las redes potenciales son mapas de las relaciones posibles, reflejan canales de comunicación; las redes reales reflejan los actos de comunicación llevados a cabo. Una red potencial es la red de carreteras; una red real es el flujo del tráfico en un día concreto. El hecho de mejorar su operatividad hace que una comunidad se sienta más integrada, bien sea para realizar una tarea (trabajo) o para construir un proyecto colectivo (convivencia).

Se plantean dos posibilidades: unir dos redes centralizadas (Ley de Michael Scharge), es decir, ganar en tamaño… O bien la propuesta del autor, crear grupos más homogéneos, es decir, potenciar la intensidad de comunicación en zonas de mayor tránsito creando "cliques" o "clusters": en otras palabras, equipos de trabajo entrenados en compartir y comunicarse para ser más operativos.

Son estrategias compatibles. No necesariamente excluyentes.