jueves, octubre 09, 2008

¿Dónde está el manual de Keynes?

La crisis actual, a vista de pájaro, permite ver algunos problemas. Los actores de la economía han visto desplazados sus papeles y no saben cómo actuar.

Desde la perspectiva dominante desde mitad del siglo pasado, el marco del problema quedaba entre las fronteras de las naciones. Un sistema cerrado en que una clase obrera emergente mejor protegida se transformaba en una clase media de consumidores que aceleraban el crecimiento del sistema. Los obreros explotados empezaban a disfrutar de los frutos de su trabajo, desligados de sus viejas creencias y conectados en la ola de transformaciones de la modernidad.

Ese crecimiento impulsó nuevas aventuras que llevaron la producción a otros países. Así quedaría un occidente desarrollado y su consumo impulsaría la aparición de nuevos mercados en los países que ahora hacían la manufactura.

Buena parte de la clase trabajadora pasan a ser clases subsidiadas, pero se espera que se endeuden y consuman 'como si' todavía fueran productores, cuando cada vez hay menos puestos en la producción.

Un crecimiento demasiado rápido para sectores sociales que no encontraron cauce en el nuevo sistema.

Sorprende el crecimiento mediante inversiones orientadas al consumo (vivienda, automóviles); frente a modelos de inversión en inteligencia, diseño y medios de producción, que no crecen tan rápido como las expectativas de los consumidores (más volátiles).

Un modelo más 'saneado', descartaría el estímulo a las inversiones en consumo y orientaría el gasto a las inversiones en medios de producción, asociados a las nuevas necesidades: innovación, diversificación, conectividad, interdependencia, creación de valor conjunta…

En la medida en que se creen nuevos ecosistemas o 'econo-sistemas' competitivos y sostenibles a medio plazo, se irán creando estilos de vida adecuados, potenciando el intercambio y el autoconsumo, sobre la base de nuevas señas de identidad. Ya no importan los 'límites de crecimiento' que se deslizan en busca de dimensiones nuevas; sino los 'ritmos de crecimiento' que permiten integrar las fuerzas en cada territorio.

Se hace necesario equilibrar la dependencia de los mercados territoriales de un único mercado financiero global, como parte de la estrategia de diversificación. Y centrar los esfuerzos de inversión en la creación de medios de producción asociados a las nuevas empresas de conocimiento y manufacturas de calidad.

Una menor dependencia de las inversiones de consumo (vivienda y autómovil) facilitaría una mayor movilidad de la población. Lo que garantizaría una mayor difusión de la innovación que podría sostenerse con inversiones públicas en transporte y redes de información compartidas.

Un ciudadano no crea valor por sus expectativas para consumir el excedente de un trabajo enajenado; sino en la medida en que transforma con su trabajo el entorno y crea un valor público.

1 comentarios:

Dani dijo...

Un acertado análisis, aunque creo que se enfoca desde arriba. Sería interesante también enfocar como la clase media ocupada en el sector servicios ha podido, desde la estructura cultural, fomentar y desarrollar el modelo, desde el extremo de la individualidad.

¿desde arriba (élites políticas y económicas) sería más rápido el cambio de estructura? o la sociedad tiene poco que decir.