No es fácil tomar distancia de una noticia, porque van con nosotros que las hemos creado, no quedan atrás salvo que uno tome el tiempo como un patio o un cuerpo físico, con su detrás y su delante. La noticia se queda con el que la sufre, con el que la inventa y le da crédito. Las noticias terminan por ser la hipoteca más pesada.
El pasado 1 de agosto desconectaron la máquina que respiraba Leopoldo Alas… y desde entonces he descubierto 'leopoldos' que desconocía en las voces de otros, en sus silencios y las ganas de reparar la capa de hielo que les unía. Quizá entonces entendía al niño, como lo había entendido su madre, igual sin entender cabalmente en que andaba, aunque fuera sin saber.Como decían orgullosos los personajes de su última novela, 'A través de un espejo oscuro', murió de audacia. ¿De qué otra cosa? Cualquier otra suposición le hubiese molestado.
Nos unía el año de nacimiento. Éramos de la misma cosecha. Y él había nacido en La Rioja.
El 12 de septiembre se quitaba la vida David Foster Wallace, de la misma cosecha, aunque neoyorkino con años de crianza en California. A Leopoldo le conocí como a un hermano (que miente para no herirnos). Del otro sólo tuve noticia después de muerto. Y sin embargo los dos me hacen la misma pregunta: ¿qué se espera de nosotros? O vivimos sin necesidad de dar razón de lo que hacemos.
Pero no es el caso, algo hay que nos lleva de lo que vemos a sus interrogantes y de ahí a la angustia de no saber. El mundo se ha vuelto demasiado grande para un sólo artista. Y la lucidez sólo pesa… La lucidez es la partícula perdida que aporta masa a la conciencia y la vuelve inhóspita, insoportable… porque para qué…
Para qué dividir la humanidad en optimistas y pesimistas si los optimistas siguen echando cuentas a mano y sus ideas se han vuelto cosas, pasatiempos para niños que juegan a las empresas y sus emociones. Y los pesimistas se han vuelto vagos.
El mundo no se arregla, pero hay que decirlo, hay que ponerlo en palabras para que se entienda. Eso es todo.
Si hubiera tenido éxito en ese ejercicio de lucidez, como Leopoldo Alas o David Foster Wallace, sospecho que no habría sobrevivido.


