sábado, octubre 01, 2011

'Seda', de Alessandro Baricco


Hay libros que viajan de mano en mano y llegan por casualidad a las nuestras, sin haberlo pedido. Y como parecen breves —y se dejan leer en una noche— resulta agradable adentrarse en su mundo.


A las pocas líneas, el lector regresa a la infancia y al tono repetitivo e intemporal de los cuentos. Aunque se interpongan datos concretos para alimentar la verosimilud del relato, en realidad parecen abstraerlo a cualquier lugar, en cualquier época.

Apareció en mi caso un juez molesto (cerca del oído izquierdo) preguntando si era cuento o novela; o si esa prosa de frases breves —a veces una palabra es un párrafo— recordaba a Marguerite Duras. Pero fue inútil. El tono del cuento arrastra: sus repeticiones, las vueltas, unos personajes apenas nombrados que se yerguen silenciosos a través de sus acciones.

'Seda' es la historia de un viaje al otro confín del mundo, cada invierno, para regresar con cada primavera. Un viaje metódico que con cada repetición se transforma, casi imperceptiblemente, disolviendo unas fronteras que se vuelven borrosas, como al contemplar un símbolo.

'Seda' es un sueño que tiene el poder de alterar el mundo de la vigilia. Cada transformación en el punto de destino tiene su correlato en el punto de partida. Es una historia donde los detalles son protagonistas, no hay nada más importante en la atención del lector. El resto —las guerras, el comercio, la ciencia— es un contexto liviano, apenas visible.

Al terminar, pese a las diferencias de estilo, pensé más en 'Ehrengard' o 'Los cuentos de invierno' de Isak Dinesen que en cualquier otra referencia.

El cuento comparte con la poesía un extraño ritmo hipnótico que lleva a lector a un dulce estado de trance en que fácilmente experimenta las variaciones de sus personajes, alejado de los detalles. Y precisamente a través de los detalles, desplegando una metáfora compleja.

El viaje repetido anualmente en busca de larvas de gusanos de seda, que habrán de servir para la industria y alimento de su pueblo, deja paso a un juego de miradas, mensajes en un idioma extraño, búsqueda de intérpretes lejos del mundo cotidiano. Y a un juego de espejos entre origen y destino que deja al lector atrapado en su corriente. En el destino, el origen, las larvas; en el origen, el fruto, la seda. Entre dos amores que son el mismo, o que remiten al mismo centro vacío de un protagonista sin palabras.

Si algo queda después de la lectura es un parque japonés en un pueblo de Francia. La construcción de un mundo que evoca otro: el juego de espejos del deseo como fruto del viaje. Las repeticiones se anulan, las variaciones apuntan al mismo blanco. Es posible que el lector, si se duerme al cerrar el libro, sienta que ese viaje le pertenece.

3 comentarios:

Anita Noire dijo...

Me encantó "Seda", perderse en el detalle es un auténtico gustazo de verdad.
Te dejo este enlace, por si es de tu interés. A mi me pareció que la música estaba excelentemente trabajada, que acompañaba perfectamente a la novela, aunque se utilizara para una obra de teatro.
Un saludo.

http://www.youtube.com/watch?v=dMJN3mLKAHs&feature=player_embedded

Joana dijo...

Abrir tu blog y tropezarme con "Seda" ha sido una doble sorpresa. La primera tu forma de describir la historia, mil gracias y la segunda, el recordar que me lo regaló una persona sensible, porque hay que serlo y mucho, para también adjuntar una nota llena de ánimo. Ese libro fue un regalo tras haber sido víctima de un robo de esos que te duelen no por un daño físico sino porque lo que se llevaron no lo encontraría ni yendo de viaje a Japón por casualidad.

Luis Cremades dijo...

Cada libro, cada lectura tiene su propia historia… La idea de este blog es compartirlas. Gracias por vuestros comentarios.